Una reflexión de Viernes Santo basada en Marcos
15:16-20 / A Good Friday reflection based on Mark 15:16-20
Un soldado romano participa en el Via Crucis anual del barrio Pilsen, en Chicago / A Roman soldier participates in the annual Via Crucis of the Pilsen neighborhood, in Chicago
Los soldados—
allí están siempre:
detrás de todo imperio,
detrás de toda dictadura
detrás de toda jerarquía,
porque son los guardianes
de los poderosos,
de las élites,
del status quo.
Y por tanto, los soldados
son de hecho
enemigos del pueblo de a pie—
de quienes pasan hambre,
de quienes son perseguidos,
de quienes son atropellados.
Por consiguiente, las preguntas
que debemos hacernos
en este Viernes Santo
y cada día son éstas:
¿A quién protegemos?
¿En qué bando militamos?
¿Qué acciones justificamos?
Dios de los esclavizados,
tú que oíste el clamor
del pueblo israelita en Egipto,
concede que tengamos
el valor de ponernos
del lado de los crucificados,
de escuchar su dolor
y de defender su causa,
aunque para eso sea necesario
sacrificar nuestros privilegios
y arriesgar nuestra seguridad
por el bien común.
Jesús de los marginados,
tú que te compadeciste
de toda la gente excluida,
haznos conscientes
de que nuestra propia felicidad
está inextricablemente ligada
al bienestar de toda la humanidad,
que sus heridas nos desangran
y sus padecimientos nos degradan,
y que nuestro silencio cómplice
causa tanto sufrimiento
como los latigazos y los clavos.
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The soldiers—
they are always there:
behind every empire,
behind every dictatorship,
behind every hierarchy;
for they are the guardians
of the powerful,
of the elites,
of the status quo.
And thus, the soldiers
are de facto
enemies of the common people—
of those who go hungry,
of those who are persecuted,
of those who are trampled upon.
Therefore, the questions
we must ask ourselves—
on this Good Friday,
and every day—are these:
Whom do we protect?
On which side do we stand?
What actions do we justify?
God of the enslaved,
you who heard the cry
of the Israelite people in Egypt:
grant us the courage
to take our stand
by the side of the crucified—
to heed their pain
and to champion their cause—
even if doing so requires us
to sacrifice our own privileges
and to risk our safety
for the common good.
Jesus of the marginalized,
you who had compassion
on all the excluded people,
make us conscious
that our own happiness
is inextricably bound
to the well-being of all humanity,
that their wounds bleed us dry
and their sufferings degrade us,
and that our complicit silence
inflicts as much suffering
as the lashes and the nails.
© Magdalena I. García
Permission granted for liturgical use with author credit. / Se concede permiso para uso litúrgico con crédito a la autora.
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