Una reflexión en décima basada en Mateo
1:18-25
Detalle de una cerámica argentina que celebra la dedicación de los hombres
andinos a sus rebaños
La historia del nacimiento
de Jesús allá en Belén
tuvo misterio y también
humano consentimiento.
Y es que llegado el momento
de amarrar el compromiso
María recibió el aviso
de que estaba embarazada
aunque aún no estaba casada;
fue Dios quien así lo quiso.
El elenco estaba listo
y ocurrió lo inesperado:
José la toalla ha tirado,
se retira de imprevisto.
Y a pesar de lo previsto
alega que esa doncella
aunque hoy imponga querella
no ha pasado por su cama;
se retira del programa:
hay que buscar otra estrella.
Pero justo cuando estaba
a punto de huir en silencio
y esconder el menosprecio
llegó el ángel que faltaba.
José al cielo miraba
y oyó esto, «No tengas miedo
mi palabra te concedo
que el niño fue concebido
con Dios mismo por marido».
¡Santo cielo, vaya enredo!
No sé a quién se le ocurrió
semejante disparate,
pero no hubo más debate:
José el trato aceptó.
Y al niño Jesús adoptó
como su hijo verdadero,
prodigando amor sincero
y protegiendo a María
de cualquier habladuría,
cuidándoles con esmero.
En verdad el carpintero
fue un padre cumplido y serio
que asumió su ministerio
como un hombre verdadero,
no como esos que primero
ofrecen flores y halagos
y más tarde por impagos
hay que llevarlos a corte
para exigir el aporte
enterito y sin rezagos.
Dios bendiga a Joselito,
padre adoptivo ejemplar,
que no se puso a calcular
el costo del requisito.
Por él hasta el infinito
resuena hoy una plegaria;
gratitud extraordinaria
debemos siempre expresar
por quien tenga a bien mostrar
tal actitud solidaria.
© Magdalena I. García
Se concede permiso para uso litúrgico con crédito a la autora.
Sunday, December 14, 2025
“Dios bendiga a Joselito”
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